viernes, 7 de junio de 2013

La princesa que escondo {Tercera parte}

Es posible correr de lo que te asusta pero jamás se podrá huir del dolor. En ese momento Summer solo necesitaba correr y alejarse lo máximo posible de aquel lugar, de aquella habitación que seguía estando impregnada de su olor, de su intensa presencia.

La caída de la noche no trajo consigo más que unas lágrimas más y unas horas en vela tumbada en una cama, con una mente que iba y venía. Una princesa que se había visto relegada al pueblo llano, que había dejado su trono manchado con la sangre de un corazón que estaba sufriendo una profunda herida. Una princesa que ya no lucía su preciada corona y que había cambiado su precioso vestido por unos harapos. Solo buscaba tapar la vergüenza de su ingenuidad.

-“Ring-ring-ring…”

El despertador sonaba y Matt se irguió para comenzar su ritual matutino para acudir al trabajo. Así tras tomarse un café, asearse y guiñarse un ojo ante el espejo salió a comerse el mundo. Un mundo que se vino abajo cuando se acercó a la mesa de Summer. Vio como tapaba su cara con la mano mientras un par de lágrimas calaban las hojas de su escritorio. Las nubes ensombrecieron el día y no hubo palabra que pudiera salir de la boca del chico.

La alegría de la sonrisa de Summer se había llevado con ella todas las de su alrededor, el virus que contagiaba todo su positivismo a la oficina era el mismo que había bañado todo en penumbra.

Matt vio en ello una oportunidad, sino de conquistarla sí de acercarse a esa chica que le quitaba la respiración en cada momento. Aprovechó la hora de la comida para invitarle a comer y aunque Summer rechazó la oferta varias veces, la insistencia del joven con una mirada tierna le hizo acabar aceptando.

-“Te pago la comida si me das una sonrisa”.

Ese chico no era Brad, era guapo y divertido, le sacaba una sonrisa cuando menos se lo imaginaba y sentía cómo estaba dispuesto a todo por ella, al menos eso parecía. Su pelo corto y repeinado decía de él que se sentía guapo y apuesto y que su imagen le daba confianza en sí mismo. Summer por su parte tenía los ojos hinchados y unas pronunciadas ojeras que hacían de su cara un nido de tristeza que ni si quiera el mejor maquillaje tapaba. Él era alto y simpático, Matt no era Brad.

Era tal la complicidad del momento que Summer consiguió sonreír alguna que otra vez por la tarde gracias únicamente a Matt, pero el día de trabajo se acababa y la casa de Summer la esperaba repleta de dudas y de fantasmas que iban y venían de un lado a otro removiendo el silencio que dejó Brad, aunque la chica conservaba aún una esperanza.

Cuando estaba decidida a mirar por primera vez el móvil tras todas las horas de trabajo, Matt interrumpió su caminar hacia la salida.

-“Summer, te acompaño a casa, no tengo ningún plan y me gustaría hacerlo”.

Así se pusieron rumbo a la casa de la joven que empezaba a tener cada vez más confianza con el chico que la miraba con otros ojos. Le dijo lo que le había pasado, le dijo que sentía que todo era amor con Brad pero que no supo contestarle, que en ese momento no sabía lo que sentía, ni si quiera si debía considerarse su novia.

-“Me estás dejando de piedra Summer, no entiendo cómo un chico puede no contestar a unas palabras que yo deseo oír de tu boca”.

Summer frenó su camino, no sabía qué cara mostrar ante esas palabras. Una frase que en ese momento no deseaba escuchar de esos labios y rápidamente siguió actuando como si no hubiese pasado nada, pero algo no le dejaba avanzar, la mano de Matt sujetaba su brazo. Ella se prestó a mirarle y casi sin tiempo fue víctima de un cálido y sorprendente beso. Tras seguir el compás de los labios del chico durante varios segundos su mano se posó en el pecho del joven y le apartó rápidamente.

-“Mira Matt, creo que lo mejor es que termine el camino yo sola, gracias por acompañarme, mañana te veré en el trabajo”.

Él vio cómo la chica se alejaba más y más y sintió cómo su corazón se iba haciendo cada vez más y más pequeño. Sabía que quizás había sido algo apresurado pero si el momento llega no le puedes dar la espalda, al menos ella ya sabía que Matt estaba deseoso de estar con ella.

Summer no quería más que llegar lo más rápido posible a su casa, allí se encontraría sola pero fuera del alcance de compasiones y miradas lastimosas hacia ella. Simplemente no quería engañar a la gente con una falsa sonrisa, quería entrar y refugiarse en esa cama que nunca hasta el momento le había dado la espalda.

Esa misma mañana había evitado cruzarse con Brad a toda costa, el trayecto en autobús esta vez lo había sido en taxi, solo un hecho así podía cambiar el camino de la joven que llevaba varios años siguiendo su rutina y solo un día sufriendo por el joven. No había sido fácil dejar de ver a la persona por la que seguía suspirando, tampoco querer evitarle, pero lo verdaderamente duro hubiera sido encontrarse cara a cara con él, no saber qué decirle al chico que solo un día antes le estaba haciendo ver lo más bonito de la vida.

Summer estaba abriendo la puerta de su casa y llevaba el móvil en la mano, lo había sacado varias veces pero lo volvía a guardar constantemente, era su manía ante la incomodidad de su situación.

El dolor venía de la incertidumbre, no sabía a qué agarrarse, no sabía si había vivido una mentira, si había hecho bien al irse o si se había precipitado. El caso es que no sabía nada.

Ya estaba en casa y por fin se atrevió a mirar el móvil, cosa que no había hecho en todo el día. Por miedo o por pavor. Por no querer ver la realidad fuese cual fuese, ni si quiera sabía que esperaba encontrarse.

La luz del aparato se encendía lentamente y una vez encendida del todo, las manos de Summer temblaron, sus dedos empezaron a flojear y a languidecer y el teléfono cayó al suelo para rebotar un par de veces. Allí acabó mientras ella se dejaba caer en la cama y se tapaba la cara para llorar y llorar y llorar sin saber por qué y sin poder evitarlo.


En el móvil no había nada, ninguna notificación, no había ni una sola señal de Brad.

2 comentarios:

Sandra Losada Rey dijo...

Hola!! que día sueles publicar tus relatos, son increíbles!!

Jessica M. Maddisson dijo...

¡¡Hola amiga!! Todos los lunes y viernes soy fiel a mi cita con mis lectoras. Muchas gracias por leerme y sobre todo, ¡Bienvenida al club! Un beso enorme

Publicar un comentario en la entrada