viernes, 24 de mayo de 2013

Un desconocido dentro de mi {Final}


Allí estaba yo. Dispuesta a romper la armonía de aquel hotel. La recepcionista se negó a decirme el número de habitación de Mario. Estaba perdida,  ¿qué iba a hacer? Entonces recordé una escena de película, de esas que echan al mediodía los domingos en cualquier televisión nacional. Un drogadicto buscaba a una prostituta en un motel de mala muerte, él, ante la negativa de la recepcionista a decirle dónde se hospedaba la señorita de compañía, tuvo la ocurrencia de esperar en la puerta, leyendo un periódico, es decir, camuflándose, esperando que la mujer apareciese. Y eso iba a hacer yo, pese a que mi relación con la paciencia no era buena. 

Transcurridas más de las diez de la noche, aquel hotel empezaba a apagarse y mis intenciones de encontrar a Mario expiraban. Estaba decidida a marcharme, enviarle un correo a su secretaria personal (¿se la habría tirado también?) y decirle lo que en persona desgraciadamente no iba a poderle decir. Aunque mucho antes de levantarme, coger el bolso e irme de aquel lugar, vi como Mario salía del ascensor. ¡Pillado! Pasaron después casi dos horas, fue a cenar al restaurante del hotel. Cuando de nuevo volvió al ascensor, me fui directa a las escaleras: una tras una fui subiendo todas las plantas hasta que vi salir a Mario. Entró en su habitación, esperé media hora y luego pequé en el puerta. ¿Me querría recibir? 

Una cosa es lo que piensas y otra lo que haces. No era lo mismo quererle decir lo hijo de puta que era y otra cosa es conseguir decirlo. Del dicho al hecho...

Cuando pegué, apenas escuché que nada ni nadie se moviese para abrir la puerta. Aquella espera fue interminable. A los pocos segundos, para mi fueron horas, se abrió. Creí ver a Mario mirarme de arriba a abajo, pero apenas me dio tiempo a procesar toda la información. Cogió mi brazo y mi empujó hacia la habitación. Caí en el suelo y él no hizo nada para ayudarme. Cuando me levanté, se abalanzó sobre mí pero yo con algo de agilidad lo esquivé. Salí corriendo hasta el fondo de la habitación, no chillé, la verdad, quizás la escena me excitaba. En el fondo de la habitación, Mario se acercó a mí mientras se desabrochaba la camisa y me llamaba puta. Yo me lancé a él para recliminarle su actitud pero no me dio tiempo. Me volvió a empujar y esta vez hacia la cama. Cai de un plumazo, algo conmocionada. Cuando quise levantarme no pude, algo pesado y fuerte estaba sobre mí. Era Mario, aún vestido, intentando desabrochar su bragueta. ¿Qué ocurría?

Intente zafarme de sus brazos que me apretaban contra la cama pero no pude. Intente levantarme de un tirón con mi cuerpo, pero tampoco pude. El gran peso de Mario me tenía paralizada. Entonces me di cuenta que había perdido la batalla. Mario había ganado y yo seguía sin hacer nada para evitarlo. 

Apenas hablaba. Solo suspiraba. Ni hola, ni qué tal, nada de nada. A los pocos minutos ya Mario se había librado de sus pantalones y su XL parecía asomarse entre sus inmensas piernas. Sentía como sus músculos, duros y grandes, rozaban mi cuerpo por detrás. Sin contemplaciones Mario estaba dentro de mí. Sentí de nuevo el placer de un hombre que horas antes me había tratado bastante mal...pero ahí estaba yo, sin quejarme.

Varias horas después, cuando mi cuerpo estaba derrotado, sin fuerzas, me vestí. Intenté hablar con Mario pero él apenas cruzaba mirada conmigo. Fue entonces cuando me di cuenta que la hipoteca de mi casa estaba pagada. Ya sí que sí, estaba dispuesta a contarlo todo. Quizás por partes, el primer acto, y luego, el segundo. Mario había disfrutado y tenía dinero, yo había disfrutado y en breve iba a tener dinero. 

****

- Hoy en el Plató de 'Lo que te vamos a contar' está Marie Sophie y viene a hablarnos de su historia fugaz con Mario Pasadevante. 


Era mi noche. La noche en la que destaparía algunos de mis secretos. También era la noche en la que después de volver a casa me encontraría a Marcos, mi fiel amigo redactor, con el que tendría una celebración sexual sin frenos durante horas. Lo hicimos como perros, como salvajes, como si no hubiera un mañana enredados entre nuestros cuerpos desnudos y algunas sábanas...
 

FIN

1 comentarios:

Teresa Isabel Ortiz Diaz dijo...

:O porqué termina???!!! dime que falta el tomo 2...

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