viernes, 3 de mayo de 2013

Contra la pared


Volvía a casa, como otras muchas noches, cansada de tanto andar, de coger el autobús y el metro. Volvía de otra casa editorial en la que había estado cerrando un contrato para la publicación de una novela histórica romántica, un género muy apreciado en los países nórdicos. Mientras subía las escaleras de la entrada de mi casa el conductor del programa de radio que estaba escuchando anunció que cambiaba de canción, emitía un remix de Dont You Know, de Madonna. 

A ritmo de la diva entré en mi casa, en aquel hervidero de pasiones frustradas y escondidas entre las paredes del hogar, por culpa de la existencia de la inocencia de dos pequeños renacuajos que vivían conmigo y mi marido, véase, mis hijos. 

Madonna me hechizaba pero también hacía hervir mis pezones de placer, nada más pensar en las perversiones sexuales y mentales que haría la Super Star  con sus bailarines. 

You came along when I was losing my way...y seguía sonando, despertando la fiera que había en mi interior. No pude pensarlo más, por unos segundos me convertí en la peor madre del mundo. 

Entré en casa, después de dejar el bolso, la chaqueta, las llaves y el móvil apagado en la mesa de la entrada. 

Fui directamente al salón y como intuía estaban todos reunidos: mi hija Emma, mi hijo Alexander y mi marido James. 

- Hoy os ducháis solos. ¡Venga! - Salieron corriendo de felicidad, ¡iban a jugar en la bañera sin supervisión de ningún adulto! No pasaría nada ¿o sí? James se me quedó mirando y en su rostro se dibujaba una pregunta <<¿qué te pasa?>> - Tu calla, vamos para arriba, necesito que me hagas un favor, rápido. 

James, James, James...no te cambiaría ni por los descuentos de perfumería del supermercado. 

Abrimos la puerta del cuarto, James echó el pestillo, y sin decirme un qué tal ni cómo estás me puso contra la pared. Había sido muy mala, muy, muy, muy mala. Bajó mis pantalones sin que apenas me diera cuenta, tan solo me percaté de aquello cuando sentí gran parte del placer de mi marido detrás de mí. 

Los fuegos artificiales estaban preparados y apunto de salir volando hacia el cielo, para dibujar un mapa de luces, de placer y de felicidad en la atmósfera. 

James, James, James...mi querida máquina sexual. 

Así que me dejé hacer. Estaba deseosa, muy deseosa. Mi James entró en mí como bombero ansioso de apagar fuego, recorriendo cada zona de mi cuerpo para apagar cualquier parte sensible que pudiera salir ardiendo. 

Rozó como él solo sabe hacer mis pezones, que estaban ya inquietos, esperando su llegada, los recorrió con su lengua una y otra vez, dejándolos lo suficientemente húmedos como para que de allí no saliera ni una chispa. Luego, pasó por mi ombligo y se deslizó un poco más, hasta la mejor parte, bajó a la plaza del pueblo, donde se celebraba la fiesta, desde donde se podían ver los mejores fuegos artificiales. 

Y después me alzó al vuelvo, como si fuera una bailarina, y ya sin apenas ropa, me puso de nuevo contra la pared. 

- NO TE MUEVAS- yo pensé lo mismo, no moverme. 

Contra la pared estaba, al parecer había sido muy mala, aunque yo no lo sabía. Y de nuevo pasó su lengua por mi cuerpo, esta vez por la espalda, bajando sin cesar hasta llegar a la plaza del pueblo, donde deslizó su lengua, una y otra vez sin cansarse, y luego, sin un Hola, qué tal, entró en mi, por segunda, cuarta y quinta vez, en menos de lo que me pude imaginar. 

Contra la pared James me había detenido cinco veces, sin leerme mis antecedentes. 

Después, tan solo me quedó darle las gracias a Madonna por haberme excitado con su Dont You Know y salir corriendo en busca de mis pequeños que a esas horas estarían ya ahogados. 

La canción Dont You Know, de Madonna. 



1 comentarios:

carolew dijo...

Me encanto eres estupenda escribiendo en espera de otro...........

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