lunes, 18 de marzo de 2013

¿Qué será de Erick?



¿Qué será de Erick?

Erick se esforzó en aquella loca noche universitaria y yo todavía no sabía lo que era disfrutar del sexo. Me conformé con pasarlo bien y callar mis gemidos por vergüenza. Todavía era una niña y me dejaba llevar muy fácilmente.

A veces añoro aquellas noches por lo bien que lo pasaba y por las pocas responsabilidades que tenía aquella jovencita despreocupada. Lo que no echo para nada de menos es su poca experiencia sexual.

Siete años después de que aquél chico guapo rompiera mi flor y de que “conociera” a muchos chicos durante mis años de universitaria y de no universitaria conocí a James, mi marido y el padre de mis dos hijos. Él me enseñó a amar de verdad y no sé si su empuje y determinación a poseerme en cualquier momento acabaron por hacerme suya para siempre.

Sus traicioneros besos por la espalda al volver del trabajo, mientras les preparo la comida a los pequeños ya nos han ocasionado más de un susto doméstico. He oído la puerta, acaba de llegar.

Son mis momentos preferidos de la semana y siento que también lo son para él, ya siento su aliento en mi pelo que aparta hacia un lado para abrazarme por detrás. Mi piel se eriza y mi cuerpo se agarrota cuando sus grandes manos recorren mi cintura y chocan con mi ropa interior. Ahí es cuando sutilmente me acaricia y su contundencia se convierte en una suavidad que me derrite.

Mis ojos se cierran solos, mis labios tiemblan y mi garganta gime deseosa de darse la vuelta y besar esos labios. Pero mi “maldad” me dice que aguante un poco más, que se lo haga pasar mal, que para comerse el caramelo primero lo tiene que desenvolver.

Sus dedos ya bailan dentro de mí mientras su otra mano comienza a rondar por mi tripa con intención de seguir subiendo. Es como tocar el cielo con la punta de los dedos y acariciarlo durante unos minutos eternos. Mis piernas se abren con disimulo y empiezan a buscar un buen sitio en la encimera. James no desiste, ya me conoce y sabe que soy muy juguetona…

Me giro sutilmente, para mirarle a los ojos y decirle lo a gusto que me hace sentir con una caricia de mi lengua por su cuello. Cuando me doy cuenta mi sujetador está cayendo por mis hombros, la sutileza de James aún me sigue sorprendiendo pero no lo hacen sus caricias en mis senos, sabe de sobra lo mucho que eso me excita.

Sus brazos me abrazan y mi mediana estatura me convierte en una enana frente a su cuerpo de hombre. Pero conozco su punto débil, aún con todo, sigue siendo un hombre y una llamada a la puerta de su virilidad le convierte en un sumiso y a mí en su ama. Ahora le toca a él gemir y soy yo la que nota como se entrecorta su respiración.

Siento que ya no aguanta más, que su momento de esclavo está terminando y que vamos a reinar los dos de la mano. Así es, poco tiempo después su deseo me levanta como una pluma sobre la encimera y con un leve apartar de su mano no me deja ni quitarme la ropa interior, con moverla a un lado le es suficiente.

El tren está entrando en el túnel y el alboroto que provoca está llevando a mis manos a agarrar fuertemente su pelo y a apretarle contra mi cuerpo mientras no para, nada le detiene. Mis manos están locas, son la prolongación de mi alto nivel de excitación. Le acarician, le agarran, le aprietan fuerte y no saben dónde parar su hiperactividad hasta que alcanzan su trasero, curiosamente allí siempre suelen acabar. Además de tocar su firmeza y su buen porte, saca una sonrisa a nuestras caras cuando mis dedos le empujan para que apriete un poco más fuerte, un poco más, un poco más.

Mientras, James me besa el cuello y me susurra al oído lo mucho que está disfrutando pero no se imagina lo que se está fraguando en mi cuerpo. Es algo increíble, es la cúspide de mi feminidad, es un chillido que probablemente asuste a todo el vecindario, es el clímax que contrae mi cuerpo y mi mente, es la explosión de mis sentimientos por James, es el placer más puro y más carnal.

Me ha dejado sin fuerzas y tras varios minutos James sigue mis pasos, es tanto su gozo que parece débil y muy poca cosa, hasta que su razón vuelve y me dice al oído: “Jessica, te quiero”. Es mi James pero son mis sentimientos hacia él lo que le hacen especial.

¿Qué será de Erick? No lo sé, lo que sí sé es que se me ha vuelto a quemar la cena de los pequeños, otro problema doméstico a sumar al montón, la mayoría por culpa de James. Pobres niños, todavía les quedan muchos años para poder quemar la comida de sus hijos, mientras tanto, es el momento de sus padres, es el momento de James y de Jessica

5 comentarios:

Verónica Dragonfly dijo...

¡Hola! Gracias por tu comentario en el blog. =)
Ya soy seguidora tuya y me alegro de haber conocido tu blog, porque tiene muy buena pinta. ^^
¡Un abrazo!

Jessica M. Maddisson dijo...

Querida Verónica, es todo un placer que te pases por mi blog. Te doy la bienvenida y espero verte pronto, tu blog también es precioso y me hace mucha ilusión que te guste el mio.

Un fuerte abrazo, Jessica M. Maddison

Alba Soria dijo...

Tienes un blog súper original! Me ha gustado mucho esta entrada, de verdad. Enhorabuena por la página!

Si te apetece pásate por mi blog de reseñas literarias. Un saludín!!!

http://elazuldelaspalabras.blogspot.com.es/

Jessica M. Maddisson dijo...

Claro que sí querida Alba, me paso ahora mismo por tu blog. Asimismo, nos hacemos seguidoras de inmediato, ¿verdad?

Un fuerte abrazo, y pásate cuando quieras :)

Belen Tapia Pascual dijo...

Me encantan este blog, enhorabuena es fabuloso, me tiene enganchada desde el día que entre por primera vez, estoy deseando que lleguen los relatos y las notas que mandas y gracias por nombrarme en tu blog, me ha hecho sentir especial!!!!

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