viernes, 10 de mayo de 2013

Un desconocido dentro de mí {Primera parte}



Los cuartos de aseos no son actos para recibir nada y menos el cuerpo musculoso de un hombre de cuarenta años. ¡Marie tenía 30!

Aquella noche necesitaba algún entretenimiento, así que cuando vió al primer hombre guapo de la noche lo desechó (tenía pinta de no saberlo hacer en el w.c y ella no estaba para coger un taxi e irse a la casa de un desconocido). Así que esperó a que apareciera otro guapo, y apareció, pero tampoco le gustó, uno más y otro...

¡Dios mío! ¡Quítamelo todo! Soy tuya, tan tuya que me pongo contra la pared o a gatas y me haces lo que tu quieras. Todo. Y que lo sienta muy muy muy dentro de mí, tanto que me cueste olvidarte, déjame tu marca personal.

Se llamaba Estéfano, de madre española y padre italiano, era el responsable de comunicación de la marca de ropa MIA. Cuando él me vio y yo le vi supuse que algo pasaría (¡y bien que pasó). Al principio, como buen italiano, fue bastante educado, me invitó a una copa y se preocupó por mi. Hizo de psicólogo y me dio buenos consejos para mejorar mi rendimiento en el trabajo ( y en la cama) e incluso me ofreció un trabajo, (trabajo que tuve que rechazar), pero eso era todo lo que necesitaba hacer para permitirle bajarme las bragas sin pestañear. Obvio no lo hice delante de todo la jet set que se encontraba en la fiesta del noveno aniversario de la revista Popular Stream.

Pasada la hora de conversación le dije a Estéfano que necesitaba ir un momento al cuarto de baño (+ sonrisa divertida) y él pareció captar el mensaje.

-   Te esperaré aquí…o en cualquier otro lugar. – me dijo. Al principio me pareció bastante extraño, no lo entendí y me jodió bastante. Mis labios y mis pezones le reclamaban y le chillaban ESTÉFANO HAZMELO YA.

-   Espero encontrarme más cerca que lejos, más pronto que tarde. - ¡Oh! Sabía que había clavado esa frase y que todos los fantasmas que sobrevolaban aquella conversación se habían expirado. Estéfano está en mis manos y en unos segundos dentro de mi…lalala. Mi mente festejaba la diversión que se avecinaba.

ESTÉFANO, ESTÉFANO, ESTÉFANO….pensaba como sería gemir su nombre, y sonaba muy largo, tan largo como lo que esperaba encontrarme en 0.01 segundos.

Cuando llegué al cuarto de baño pensé que aquel maldito italiano me seguiría pero no lo hizo. Así que me miré al espejo y me pinté por décima vez. Una absurda manía de entrar en un w.c y pintarme, aunque esté bien (¡¿sólo la tengo yo!?).

Cuando salí, ya con la idea de que aquella noche no sentiría a Estéfano dentro de mí, me encontré al italiano justo delante, en la puerta de aseos de los tíos.

-    Los hombres somos más comprensivos, y si escuchamos fiesta lo respetamos, las mujeres os criticáis entre vosotras. Será mejor que te…- se quedó pensando, no sabía como completar aquella frase que le había salido sin pensar- Bueno, ¿me acompañas?- Inclinó la cabeza como si me quisiera invitar al cuarto de aseos de hombres, sacó media sonrisa y entró.

MALDITO ITALIANO.

Fue cerrar los ojos y empezar a sentir su aliento detrás de mi y al poco tiempo sus manos, que con educación, me pedían permiso para desbrochar la cremallera de aquel Carolina Herrera que llevaba puesto. Nunca antes había deseado tirar un traje como aquel al suelo. Pensé que me besaría, que me haría mirarle a los ojos, pero fue tan …tan pero que tan comprensivo, que al momento de desvestirme se alzó dentro de mí algo inexplicable, tan majestuoso que me hizo hasta llorar. La maestría con la que movía sus dedos en mi fuero interno hacía que sintiera devoción por aquel cuarentón tan bien formado en las artes amatorias.

Su lengua húmeda se posó sobre mi cuello…

MIERDA. Algo había caído en el suelo. Su cartera. Me agaché como si fuera una gata y la cogí, algunas tarjetas y papeles se desperdigaron por el metro cuadrado de aquel w.c. En nada, Estéfano volvió a la carga.

Llegó un momento donde no sabía que dueño estaba disfrutando de mi cuerpo, si los dedos de Estéfano y su gran y hermosa…

MALDITA SEA. Algo de nuevo interrumpía mi placer, aunque el italiano seguía en su labor de hacerme la mujer más satisfecha sexualmente del mundo. Me fijé en una pequeña tarjeta que estaba en mis pies, posiblemente la pisé y no me daría cuenta, la oculté, no quería parar la fiesta…

Mario Pasavante

Presidente de….

MI-ER-DA

MI-ER-DA

Aquella tarjeta tenía su cara y por supuesto el nombre no coincidía. De Estéfano a Mario había bastantes diferencias. ¿Quién era Estéfano? ¿Y de qué era presidente? La luz no me dejaba ver bien la maldita tarjeta. ¿Quién me estaba penetrando? 

Continuará...

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Oooohhhh por favor, como sigue....estoy muy intrigada.

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