viernes, 19 de abril de 2013

El Chico de los Recados


Hace un par de días, una de mis queridas amigas americanas, me escribió una carta, algo que me extraño bastante, pues no suele usar esta vía para comunicarse conmigo. Cuando la abrí, entendí todo. Estaba en un centro de desintoxicación, al parecer no freno los años de su juventud y quiso prolongarlos hasta que cumpliese más de 30. En la carta me relata una fantasía que tuvo en su nuevo retiro, no sabía si publicarla o no, pero como ella es una magnífica escritora, lo hago. Por la amistad que me une y para que algún día, espero que dentro de muy poco, pueda decirle que escribe muy bien y que este tiene que ser su camino. Ahí os lo dejo:  

"Ahí estaba Amy. Correcta y sin llamar la atención. Y ahora a esperar unos largos diez minutos, el tiempo que tardaba el ascensor en llegar a la planta décima, los diez minutos más largos de la historia. Pensados expresamente para que una pareja de tortolitos puedan consumir su primer amor antes de dejar el chico a la chica en casa de sus padres. 

Iba a entrar sola, acompañada por su maletín en una mano y su móvil en la otra. Diez minutos: ella y el ascensor. Pero los aconteceres de la vida hizo que muchos segundos antes de cerrarse la puerta entrase en el holl del edificio El Chico de los Recados. Con su mono de trabajo gris desabrochado hasta el torso, tenía bajo aquel uniforme una camiseta de surfero, de esas de marca.

El Chico de los Recados. Sí, el mismo que hacía casi todo lo que tú le pedías: 

Súbeme entre tus piernas y estámpame contra la pared del ascensor. Bésame en los labios, luego recorre tu lengua por mi cuello. ¡Para! Vuelve a los labios. Desabróchate hasta el final, hasta donde tú y yo sabemos que tienes que llegar. No te quites la camiseta, déjala. Sigue besándome y mete tus sucias manos por debajo de mi blusa. 

No me quites la chaqueta, pero bájame un poco los pantalones, hasta donde tú y yo sabemos que tienes que llegar. Acércate, rápido, tan sólo nos queda ocho minutos. Acércate más, no quiero sentirte un poco, quiero sentirte completamente, sentir todo lo que tienes que darme.

Dame absolutamente todo, no dejes ni un aliento dentro de ti. Acércate más, mucho más, conéctate conmigo y deja que pueda agarrarme mejor a tu espalda y deslizar mis manos lentamente hacia tu culo, ese que seguro que tienes duro, fuerte, resistente.

Quiero deslizarme mientras araño tu espalda, mientras meto ahora mis manos por tu camiseta de surfero cara. Quiero meterte mis manos por detrás y por delante tuya, quiero que este recado sea especial, y que llegue a su destinataria sin problemas, y que la dejes satisfecha, muy satisfecha. 

Termina la función, pero bien, a lo grande. Acércate aún más, hasta donde tus fuerzas y extremidades te dejen. 

Acércate lo suficientemente cerca como para poder oír tu desconsuelo en mi oído, tu ¡Oh, Dios! Quiero oírlo y sentir como te tiemblan luego las piernas, tus fuerzas se escapan con tu ¡Oh, Dios!

Pero éstas, desgraciadamente, no era una de las tareas del chico de los recados. Así que Amy tuvo que volver al mundo real y poner la mano en la puerta del ascensor para evitar que se cerrase y aquel fantasma sexual de su mente, el chico de los recados, pudiera subir con ella hasta la planta deseada."  



6 comentarios:

Anónimo dijo...

Ufffff que subidón, me encantaaa!!! tu amiga estará loca pero escribe geniaaal jaja :P

Anónimo dijo...

¡Qué bueno! Ahora cuando entre en el ascensor de mi oficina pensaré en el chico de los recados. No sé si en mi empresa hay uno, pero por curiosidad voy a preguntar a mis compañeras pasado mañana. ¡Qué risas! jaja

Jessica M. Maddisson dijo...

¡Muchas Gracias, preciosas! Sois geniales todas, ya sabéis que es muy importante para este club que vosotras opinéis :)

Anónimo dijo...

q jevi lo que puede pasar en un asensor jajaja mancantao la veda y me he puesto pro las paredes jajajaja quiero que me pase eso a mi tb jaja

eli viudez dijo...

es genial

eli viudez dijo...

es genial

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